Todo el mundo - por así decirlo - vive apurado. El resultado de ésto hace que las comidas cada vez sean más rápidas, más simples, menos elaboradas, menos pensadas y menos nutritivas (esto último si no mantenemos una dieta equilibrada que tenga variantes permanentes).
Ocurre -a mi entender- que no hay tiempo o no se lo hace al tiempo para disponer de un momento para pensar concienzudamente que vamos a comer (hoy, mañana, pasado mañana, etc).
Hay que trabajar, salir corriendo a ver algún programa de televisión, sentarse urgente en la computadora o consola de juegos, salir a pasear, etc., etc.
Así es que para la comida diaria se suele decir muchas veces "nos arreglamos con cualquier cosa", y seguimos en lo que nos ocupa, lo que nos interesa, nos entretiene, o nos distráe.
Por eso que buenos aquellos días en que alguien en el hogar se disponía con voluntad a elaborar algo bien rico, sustancioso, lo más sano posible y hecho con amor. Y que lindos aquellos domingos lejanos, cuando sobraba el tiempo y se hacían los ravioles caseros de verdura - todo a mano, todo natural -, mientras se escuchaba alguna cosa por la radio, y la abuela preparaba el tuco que se cocinaba durante más de 2 horas y los más chicos rallábamos un buen pedazo de queso provolone o similar, que terminaba coronando la fuente con aquella maravilla humeante presentada en la mesa familiar ante nuestros sorprendidos ojos y nuestro mejor preparado paladar.
Jorge Horacio Richino - Copyright.
Tags: Comidas fáciles.